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Blog de Pregoneros Emocionales

M 25/08/2020 - Nuria De Torres

Aceptación versus resignación


Aceptación: palabra clave en inteligencia emocional, tanto en la curva emocional del cambio y del duelo como en la propia emoción Tristeza.

Es una palabra que, aunque entendía y quería llegar a ella y alcanzarla, no terminaba de llegar. No avanzaba en estos procesos emocionales, no salía de ellos y no encontraba mejoría.

Coincidió una época en la que me encontraba en plena línea de cambio (la vida es un proceso de cambio continuo) en la que mi mente, tras analizar la situación, se decía una y otra vez, vale, ya sé, ya sé lo que he perdido (emoción tristeza), sin embargo, por más que me decía y repetía una y otra vez acepto, acepto…, no conseguía salir de la tristeza y avanzar. Y dio la casualidad (aunque cada vez creo menos en ella) que, justo durante ese proceso, llegaba una y otra vez a mi oído la palabra resignación. Curiosamente con la coletilla de “no confundir resignación con aceptación”.

No sé muy bien si es que soy un poco dura de mollera o una viciosa de la ilusión y la sorpresa, porque me encanta la sensación de sorprenderme cuando entiendo algo que llevo mucho tiempo sin entender. Tras darle vueltas y vueltas y probar cosas, salta algo que me hace comprenderlo o verlo de una forma más clara.

El caso es que mi momento llegó y fue de la siguiente manera, por si a alguien le aporta.

Descubrí que cuando me resigno sigo poniendo el foco en el exterior, en los demás, es decir, admito que la cosa sea así, no la puedo cambiar y punto, es por algo exterior. La causa es ajena a mí y yo no puedo hacer nada, con lo que me resigno. Y claro, no avanzo. Lo único que hago es cansarme de luchar contra los elementos externos y, por tanto, una y otra vez me vuelve a pasar lo mismo, y sigo pensando que el motivo está afuera, y vuelta a la pescadilla que se muerde la cola con la resignación.

Sin embargo, de repente hubo algo que hizo clic en mí y que me dió por pensar si dentro de esa pérdida no habría alguna cosa interna, alguna cosa o motivo que se encontrase dentro de mí y que hubiera producido esa pérdida. Cuando empiezas a buscar cosas o motivos internos en vez de externos cuesta más porque es mucho más fácil culpar o echar balones fuera. Pero cuando te haces alguna pregunta del tipo “¿podía había hecho yo algo para evitar esa pérdida?”, “¿qué es lo que realmente he perdido en todo esto y me hace daño?” u otras preguntas, entonces afloran respuestas en las que el motivo o la causa está en tí, en tus manos. Es cosa tuya.

Sientes un gran alivio porque te das cuenta de que como eso es tuyo lo puedes cambiar. Tú sí puedes cambiarte. Lo que no puedes es obligar a los demás que cambien. Y en ese momento, cuando me dí cuenta de lo que podía cambiar en mí, sentí que el flujo emocional se liberó y pude seguir con la acción. Es decir, había descubierto la aceptación y la posibilidad de no caer en la misma pérdida si me ponía manos a la obra con la acción de cambio en mí.

Así que descubrí que resignación, para mí, es aceptar que los motivos o las causas son externas y no puedes hacer nada contra ello, no puedes luchar contra lo que no puedes cambiar.

La aceptación es reconocer la parte o el motivo o causa interna que está asociada a esa pérdida y que, como es tuyo, puedes cambiar, no dejando en manos externas tu capacidad de progresar en el flujo emocional, y no encallándote en la tristeza. No dejar en manos de otros tu felicidad, pues con la queja no se progresa. Buscar el fondo de la queja, que está en tí, es más difícil pero mucho más productivo.



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