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Blog de Pregoneros Emocionales

V 28/08/2020 - Nuria De Torres

Cada persona es única y especial


Hasta ahora pensaba que aprender consistía en seguir lo que te indica una persona, un gurú, un sabio en la materia y no entendía muy bien eso de que no hay que dar consejos, que pueden ser grandes errores aún con la mejor de las intenciones.


No sé si será por mi parte lógica pero pensaba que lo que es bueno para uno, debería de ser bueno para otro, y que si alguien sabio dice que lo que debía sentir era, por ejermplo, miedo, pues eso era lo que debía sentir para encontrarme bien. Ya buscaba yo las vueltas en mi pensamiento para encontrar la luz al final del túnel en porqué había que sentir miedo para encontrarme bien. Llegaba a dudar si el encontrarme bien era porque había encontrado la causa o por sentir lo que debía sentir.


Me ha costado mucho el romper este cliché y darme cuenta de que hay que mirar de otra forma en esto del mundo emocional, ya que:

  • Muchas veces vemos antes la paja en el ojo ajeno que la viga en el propio, por automatismos, por protección, etc.

  • Cada persona se encuentra en un momento vital determinado y se debe respetar, ya que, si no, no se aprende, generando dependencia y no desarrollo

  • Entender al otro, la empatía, esas habilidades de ponerse en el lugar del otro, conllevan no sólo el ponerte en su lugar, sino pensar y sentir como el otro, no como tú, sabiendo y estando en el momento actual del otro


¿Cuantas veces habéis escuchado la frase “este niño no tiene miedo a nada, no ve el peligro”? Y es cierto, los niños pequeños se lanzan a todo, hacen muchas cosas, algunas peligrosas desde el punto de vista adulto que ya tiene conocimiento o experiencia en ella. Pero un niño no sabe, tiene que experimentar para empezar a crear sus estímulos emocionales. No sabrá que rodar por la cama puede conllevar el peligro de caerse de ella, por lo que hasta que no caiga y compruebe el peligro, no puede sentir miedo al rodar en la cama o mejor dicho, poner el límite a rodar en la cama para no correr riesgos. Y, como mucho, los adultos pueden apoyarle para que encuentre el límite de rodadura: lo peligroso no es rodar por la cama (estoy sería exceso de miedo por un peligro inexistente al rodar), el peligro es seguir rodando cerca del final de la cama, puesto que si se supera este límite se alcanza el peligro de caer, por ejemplo.


Lo mismo pasa con los adultos. Cada uno tenemos nuestros estímulos emocionales, que dependen del carácter, del momento, de las experiencias vividas y, sobretodo, una cosa que no hay que olvidar es que hay que revisarlos y actualizarlos cada cierto tiempo, como si de un sistema operativo se tratara.


Seguro que los límites o peligros de hoy no son los mismos de los de hace años porque, entre otras cosas, si cuando sentiste miedo y estudiaste dónde estaba el peligro, tiraste de orgullo si estaba a tu alcance (eje emocional orgullo-miedo) para superar ese peligro. Por ejemplo: peligros por desconocimiento que se superan con estudio o aprendizajes y, si es así, ya no deberías de sentir miedo por ese mismo peligro, puesto que ese ya está superado, no es un peligro auténtico. Esto me recuerda una cosa que oí con respecto al miedo: “Un pájaro se posa sin miedo en una rama sin pensar si esa rama aguantará su peso o no, puesto que, si se rompe, sabe que puede volar”. Una buena actualización del peligro.


Así, las emociones son respuestas a un estímulo. Esto sí que es único para todos. Pero la clasificación de ese estímulo depende de cada persona, de su experiencia previa, de sus creencias, de su cultura y del momento en el que se encuentra. De ahí que ante un mismo estímulo una persona puede sentir miedo y otra orgullo, como, por ejemplo, al hablar en público. Y no sirve que uno le diga al otro que es incorrecta su emoción, ni que le dé consejos, puesto que cada uno es único.


Si lo que quieres es ayudar al otro, ponte en su lugar, pero sintiendo lo mismo, con su conocimiento actual. ¿Qué peligro es el que siente o ve al hacer esto? Lo mismo al pensarlo se da cuenta de que es un peligro falso, que él tiene herramientas de sobra para superarlo, que el peligro que pensaba no existe, y entonces puede hacerse la pregunta adecuada para ver el estímulo o emoción con la que se encuentra mejor. O, si es un peligro para él, sentir el miedo que corresponde para sentirse a salvo de dicho peligro, ponerse en alerta y cuidarse, sabiéndose seguro manteniendo sus límites y respeto.




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