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Blog de Pregoneros Emocionales

L 24/08/2020 - Nuria De Torres

El mundo está lleno de personas con gafas con cristales de espejo


Estoy convencida que ahí arriba, o en algún sitio, existe alguien que nos pone las cosas fáciles; pero que no hay más ciego que el que no quiere ver. Si ya es difícil que dos personas, aquí en la Tierra, vean lo mismo aún habiendo sólo una realidad, pues imagina cuando lo que hay, sabes que no te gusta y no lo quieres ver. No es malo. Se llama supervivencia.


El problema es que la supervivencia, a pesar de su nombre, no es vivir super. Al contrario, a veces lo tomamos como vivir pasando por encima de las cosas, sin pensar en si eso es lo que queremos o no. Es mucho más fácil decir que es lo que nos ha tocado vivir, que pararnos a pensar si realmente es o no lo que hemos elegido.


Claro está que a quién le gusta pensar y cuestionarse cosas de su vida. Yo no tenía tiempo. Buena excusa. Hay que ver la cantidad de excusas que nos buscamos. Cuando pensaba, como no me gustaba lo que pensaba, prefería escribirlo, en parte para que saliera afuera y no me molestara, y en parte para reposarlo, para en otro momento analizarlo. Ahora lo vomito y después ya veré si puedo hacer algo con ello.


Parece que estamos acostumbrados a aprender sólo cuando nos duele y entonces nuestro cuerpo se  niega a seguir con ese dolor sin solucionarlo. Cuando una cosa te duele y no te paras a pensarlo, te volverá a doler. Está claro que los errores se comenten una y otra vez porque no nos paramos a ver o pensar el motivo de que se produzcan. Cuánta teoría y qué mal llevamos la práctica.


Si no aprendemos del error volverá a aparecer, porque volveremos a actuar exactamente igual. Nuestro cerebro ya tiene el caminito hecho. Ante un mismo estímulo actuamos igual. Es nuestra experiencia y, si no le enseñas otro camino, siempre acabará igual. Eso es reconocer que se ha cometido un error y no estamos acostumbrado a esto. Los errores son malos, siempre nos lo han dicho. Buscamos culpables y, si resulta que es algo tuyo, es que no has podido hacer otra cosa. ¿Seguro?


A mí me pasa: me sé la teoría. Es más, veo muy bien la paja en el ojo ajeno. Intento poner en práctica muchos aprendizajes, como el de no juzgar.


No sabes por qué lo hace, cómo se encuentra, si no sabe, si no es su momento. Hay que mirar más los hechos y no a las personas que los cometen, porque hoy son ellos pero muchas veces, el mal que vemos en los otros es en realidad el nuestro.


Así que intento no juzgar ni aconsejar. Y si me pica mucho, doy las gracias, porque seguramente estoy viendo en el otro un reflejo de algo mío que no me he parado a ver o buscar porque no me gusta.


Esto de ver los fallos de los demás es una buena pista para chequear si eso que te rasca es tuyo; algunas veces los demás llevan puestas las gafas de sol de espejo, reflejándonos en ellas.


Hasta ahora, cuando me apuntaba a un curso de desarrollo personal o aprendía cosas nuevas, lo estaba viendo con los ojos de para el bien de los demás: “esto le vendría bien a éste, claro, por eso esta persona se comporta así, fíjate qué pena, que éste no sepa esto”. Vamos, balones fuera.


Algunas veces, cuando me he parado a pensar por qué me picaban las cosas del otro, he visto que si me cambio de puesto, es decir, si de repente veo desde los ojos del otro y me miro, veo lo mismo. ¡Es alucinante! Los dos vemos las mismas cosas y lo que yo creo que él se tiene que mirar es lo que yo me tengo que mirar.


Lo mismo ocurre si uno va con el sermón o la charla clásica de esto es así, os lo cuento porque yo lo he vivido y sé que es así, que entonces a la gente le llega como me llegaba a mí, es decir, que cuando ven que se lo estás contando para que se enteren, lo que hacen es verlo reflejado en otro, no en ellos, con lo que así nos va.


Todos somos expertos, pero ninguno lo pone en práctica porque no le hace falta. Así que ahora prefiero contar mis experiencias, mis aprendizajes y cómo los he practicado, no aprendido ni estudiado, porque si algo de lo que cuento les resuena para bien o para mal, llevo puestas unas gafas de espejo. Paro un poco para aceptar el regalo que me acaban de proporcionar esos espejos.




Pregoneros Emocionales

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