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Blog de Pregoneros Emocionales

S 6/02/2021 - Juan Presa
Resumen de la tipología de personalidad reveladora

Emociones: la tipología de personalidad Reveladora y el exceso de Rabia


Uno de los momentos más reveladores de mi aprendizaje emocional tardío fue el momento en que supe mi tipología de personalidad. Fue un verano entre las montañas de Gredos, en uno de esos días maravillosos de cielo azul y calor. Yo había acudido a mi primer curso de emociones con Arancha Merino e Irene Megina, con mucho escepticismo pero con la mente abierta y dispuesta. Una gran amiga me había recomendado el curso, y de hecho también me había asignado, prematuramente, una posible tipología. Después de tres o cuatro jornadas de curso, entre actividades muy variadas, charlas y momentos de relajación en la piscina, Arancha me comunicó cuál era mi tipología. Sólo necesitó observación atenta y hacerme algunas preguntas. “Eres un revelador”, me dijo. Cuando aquella noche se enteró mi amiga, se llevó un disgusto tremendo, porque ella estaba convencida de que yo era legislador y se había pasado meses tratándome como tal y, claro, no le salían las cuentas. Al principio me surgió la duda de si aquéllo de “revelador” sería con v o con b, pues el verbo cambia bastante de significado. Es con v, ya que los reveladores, aunque tengan bastante de rebeldes, no han venido a rebelarse contra nada (en todo caso, contra la mentira) sino que vienen al mundo para revelar una verdad, mostrar un camino.

Al profundizar en el sistema emocional, mi tipología me resultó, también a mí, reveladora, en el sentido de que empecé a entender lo que me pasaba. El momento de saberme revelador fue, a su vez, revelador. Me explico. Los reveladores tienen el siguiente mapa emocional: rabia hinchada, tristeza disminuída, orgullo prohibido, y las demás emociones más o menos sanas, dependiendo de la “fase” en la que se halle la persona. Otra forma de explicarlo: el punto débil es la rabia (porque por ahí aparecen la mayoría de sus disfunciones emocionales, por su exceso), su talento desconectado (por defecto) es la tristeza (que tiene que ver con la inteligencia y el desarrollo), y su vocación (la emoción que le han prohibido expresar) el orgullo, es decir, creer en uno mismo, en los propios dones, permitirse el crear.

Exteriormente yo no soy un revelador típico, de esos que muestran exteriormente su rabia, a veces convertida en ira, dicen muchos tacos y se alteran fácilmente. Por eso mi amiga pasó unos meses con una imagen equivocada. Todo el mundo está convencido de que soy un tipo tranquilo y pacífico. Mi rabia se expresa hacia adentro, me la como con patatas, y desarrollo diferentes formas de resentimiento. Bueno, esto es lo que hice durante muchos años. En lugar de expresar mi desacuerdo con una rabia sana, me dedicaba a castigar a quien me contrariaba con el silencio y la evitación, algo que había aprendido también en mi adolescencia. Recientemente aprendí que el silencio es también una forma de violencia psicológica, pero por entonces yo me creía con todo el derecho del mundo a guardar silencio, no fuera que, como en las películas, lo que dijera se utilizase contra mí. No era consciente del daño que hacía.

Para quien vive, como lo he hecho yo (y a veces sigo haciéndolo, pero menos) con la rabia desbocada, la vida se convierte en un eterno conflicto. El revelador padece una cierta paranoia de que el mundo va contra él, de que tiene la culpa, incluso aunque la gente no se lo diga a la cara (él cree que no se lo dicen pero lo piensan, que es peor). Así que ya va con la contestación preparada, a la defensiva. Además, no soporta que duden de su honestidad (que la suele tener y mucha). El efecto de la rabia hinchada es una mente dedicada a rumiar discusiones que aún no han tenido lugar, y a vengarse internamente de quienes te han hecho daño de alguna manera (ignorándote, hiriéndote, etc., según tu particular modo de ver las cosas). Se trata de ese resentimiento que va contra otros pero sólo te daña a ti mismo. Debajo late la inseguridad que ocasiona la falta de orgullo sano, la autoestima.

El revelador puede también caer en otra de las disfunciones de la rabia más frecuentes: la envidia y la crítica amargada. Criticar de forma inmisericorde cualquier cosa que se le presenta, en lugar de admirar el trabajo ajeno. Con frecuencia ha renunciado a su propia actividad creadora por la falta de orgullo, es decir, de fe en sí mismo. Por eso critica a los demás y está enfadado consigo mismo.

Uno tiene tan asumidos estos mecanismos internos que no es fácil descubrirlos, pues los maquilla con la razón, justificaciones como el perfeccionismo, las normas o la sinceridad llevada al exceso. O funciona en piloto automático, como la mayoría de nuestros comportamientos cotidianos. Hace falta una observación honesta de los propios actos y pensamientos, y comprobar el resultado de tales actitudes en el transcurso de los años. Normalmente, en mi caso, una gran cantidad de rupturas de relaciones de pareja o amistad, incluso familiares.

En ingeniería emocional (y en cualquier disciplina de la psicología o la moral) una de las principales ideas clave es que uno es el responsable de su propia vida, con lo cual se desactiva el truco más frecuente: el victimismo. Esta argucia típica de las personas con comportamientos egocéntricos está tan de moda que se ha convertido en una plaga. Las ideologías identitarias (la corrección política) basan su discurso en la culpabilización de otros grupos para explicar sus problemas y esa es la mejor manera de no hacerse cargo de las propias miserias. Y el narcisismo, que también campa por sus respetos, alimentado por una sociedad muy individualista. Los ofendiditos creen que el mundo ha de girar en torno a ellos y tratarles con exquisita delicadeza.

Afortunadamente, la ingeniería emocional te da las herramientas para empezar a trabajar y liberarte de estas actitudes disfuncionales. Al reconocer estos patrones de rabia excesiva, uno puede empezar a cazarse en las situaciones descritas. Al principio lo haces a posteriori, cuando el mal está hecho, pero, poco a poco, consigues hacerlo durante o antes de la situación, con tiempo suficiente para reaccionar. No es fácil cambiar las dinámicas. Hay que tener paciencia con uno mismo y a veces incluso, dejar en manos de Dios lo que nos sobrepasa, pues los patrones están muy arraigados y parece imposible pararlos.

Ayuda mucho saber cuál es la emoción correcta que corresponde a esa situación. Si se trata de una pérdida, ¿de qué sirve enfadarse? Si alguien nos presenta una obra, un trabajo, ¿a qué viene echarlo por tierra o desdeñarlo? Normalmente estas reacciones rabiosas no tienen apenas relación con el hecho o la situación, no se trata de que seamos crueles o queramos hundir su trabajo, sino que la rabia sale a destiempo por acumulación, como en una olla cerrada.

¿Crees que eres revelador? ¿Te suena alguno de estos comportamientos? ¿Te juega la rabia malas pasadas en tu vida diaria, e interfiere en el funcionamiento de tu vida laboral, social o personal? Si es así, no estás solo y existen herramientas capaces de mejorar tu situación.

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