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Blog de Pregoneros Emocionales

X 12/08/2020 - Nuria De Torres

Las ventajas de descubrir tu tipología


Según el MAT hay 6 tipologías, cada una con una emoción dominante, un talento y una vocación. La verdad es que saber mi tipología me ayuda, sobre todo, a aclararme o justificarme comportamientos pasados. Me da un respiro saber que no hago nada malo sino que vengo así de fábrica.

Sin embargo, en esto de dedicarme un poco de tiempo para mí, de mirar mi interior (que lleva su tiempo y tiene su momento), me volví a ilusionar al darme cuenta de que esto de las tipologías puede ayudarme no sólo para el pasado sino también para el presente y el futuro.

Hay gente que ya habrá experimentado esto que digo o que, como dice un amigo, “ya lo sabía”. Pero no todo el mundo tiene el mismo conocimiento, ni se encuentra en el mismo momento de desarrollo, y yo no estaba en ese momento, y alcanzarlo me ha sorprendido de nuevo.

Esa ilusión me viene cada vez con más frecuencia cuando me permito tiempo de búsqueda interior y silencio. Me cuesta pero, viendo los beneficios, intento ponerlo en práctica cada vez más.

Hay muchos usos y beneficios de saber tu tipología, pero ahí va el último de mis descubrimientos: en el mundo no todo es injusto, ni nuestra emoción es la dominante. El talento, suele confundirse o cambiarse por la Rabia o por la emoción dominante. Así que, cuando sintamos alguna de estas dos emociones, paremos, respiremos y hagamos la pregunta del talento, a ver si es esa emoción la que se oculta tras las otras. ¡Vaya juego de palabras! A ver si con un ejemplo me explico mejor y de paso cuento cómo me he pillado en alguna que otra ocasión.

Yo soy Reactivadora, es decir, Amor dominante (emoción inflada) y Miedo como talento (emoción desconectada). Esto hace que muchas cosas las haga o me salgan de forma innata por amor (frecuentemente inflado y falso) como es, por ejemplo, dar sin que me pidan cosas, consejos, opiniones o tiempo. Y no siempre que doy me quedo con buen sabor de boca. Si lo miro a toro pasado, veo que he dado Amor cuando en realidad tendría que haber sentido Miedo (o sea, caí en el paternalismo) y se nota, sobre todo, porque me he saltado, o mis límites, o los de la otra persona. No he respetado.

Así, la última vez que me dí cuenta de esto, justo antes de adelantarme a hacer un favor sin que me lo pidieran, en ese momento pensé: ¿me lo han pedido? No, entonces ¿Por qué lo voy a hacer? ¿Por ella, por mí? ¿Estoy respetando los límites de todos (el mío y el suyo)?, ¿Podría haber algún peligro en dar algo que no me han pedido? Si quisieran me lo habrían pedido. Me di cuenta de que no es conveniente leer el pensamiento a los demás ni querer que lean el tuyo. Habría que hacer un estudio sobre cuántas veces acertamos. Con lo fácil que es preguntar.

Casualidades de la vida, la persona a la que le iba a hacer el favor no, sino otra, pidió lo que a mí me había salido hacer sin más. Decirle que se lo hacía fue un doble gusto para ambas porque ella sintió que recibía lo que pedía (que también es muy grato pues estamos más acostumbrados a dar que a recibir, y no sabemos pedir por miedo a no obtener) y yo me sentí contenta porque  había respetado a todos, a quien no me había pedido nada, a quien sí, y a mí.

Es decir: una forma de darme cuenta, de cara al futuro, es cuestionarme si en mis acciones “innatas/inconscientes/habituales” se encuentra la emoción Miedo oculta, si no estoy intentando tapar mi emoción Miedo con ellas. Y, la verdad, me funciona. Cuesta pero creo que, como todo, es parte del aprendizaje. Al final saldrá de forma automática.


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